Este es el último post del curso, donde hablare del uso del blog.
Pienso que ha sido de gran ayuda el blog porque a la vez que aprendíamos lengua y literatura, hemos aprendido a utilizar bien el ordenador.
Utilidades del blog:
Hemos aprendido a leer. Buscábamos poemas en Internet, lo que nos facilitaba más el trabajo, ya que de esa manera no teníamos que estar cada dos por tres en la biblioteca. Y gracias al blog, todos podíamos leer los artículos de los demás compañeros sin tener que perder tiempo en imprimir y/o fotocopiarlos. Aparte de los poemas, también tuvimos que aprender a leer y a comprender bien los textos (proyecto graffiti).
Aprender a escribir. En el proyecto graffiti, además de comprender el texto, tuvimos que volverlo a escribir desde otro punto de vista, lo que nos ayudo bastante a escribir bien. También tuvimos que escribir un cuento fantástico, inventado por nosotros mismos, teniendo como modelo textos como “Casa Tomada” de Julio Cortazar; “La Soga” de Silvina Ocampo; o “Historia de los dos que soñaron” de Gustav Weil.
El blog no ha ocasionado muchos problemas, el único era que si Internet fallaba, no podíamos continuar con el trabajo. Por todo lo demás, todo ha sido bueno, además de que ha sido mas cómodo trabajar aquí que en clase, como el curso pasado.
Era sábado, y había quedado con mi mejor amiga para desayunar. Nada más despertarme, abrí los ojos y miré el despertador. Había quedado a las diez y media, y tan sólo me quedaban diez minutos para arreglarme. Me levanté de un salto y empecé a revolver los cajones.
Llegué unos minutos tarde, pero aún así Lorena llegó mas tarde que yo. La vi algo rara, y nada mas sentarse, me contó todo lo que le ocurría. Aparte de sus historias de todos los días, Lorena me contó un sueño muy extraño que se le llevaba repitiendo día tras día durante más de una semana y media. Una casa muy antigua, y una sombra, lo más seguro es que fuese un hombre, que la esperaba de espaldas a la puerta.
-Ya sé que parece una tontería, pero me parece muy raro que en un sueño pueda sentir que me observan- me dijo después de pedir el desayuno-. Me gustaría que me acompañases.
- ¿Dónde quieres que te acompañe?- pregunté extrañada.
- ¿Dónde va a ser? Pues a buscar la casa. Quiero verle la cara a la sombra.
- Lo mejor sería que lo olvidases. Es una tontería que busques nada. Un sueño es un sueño, nada más.
- Pues si no me acompañas, tendré que ir yo sola- dijo decidida.
Al final, no se cómo, acabó convenciéndome. Creo que fue por que pensé que si le pasaba algo, me sentiría culpable.
Habíamos quedado a las cuatro en la parada del autobús que hay debajo de mi casa. Al tardar tanto, llego un momento en el que llegué a pensar que ni se acordaba de donde vivía.
Justo a las cuatro y media apareció.
- ¿Por qué has tardado tanto? Habíamos quedado hace media hora- dije algo enfadada. Para mi todo eso era perder el tiempo, y más cuando se guiaba por una tontería de sueño.
- Lo siento. Es que me he entretenido por el camino.
Como no sabíamos exactamente a que lugar íbamos, decidimos ir andando, y así si nos apetecía parar a tomar algo por el camino, podríamos hacerlo.
Comenzamos a ir hacia el centro de la ciudad, y empezamos a dar vueltas y más vueltas. Al cabo de más o menos hora y media, Lorena se paró delante de una casa muy antigua, medio derrumbada.
—Esperame aquí. No tardaré—dijo muy seria.
La vi entrar y salir en menos de cinco minutos. Andaba muy despacio, pero con paso seguro, ya hacia mí. En la mano llevaba algo; una rosa fresca. En el cuello también; la marca de unos dedos.
Una mañana Lorene, mi mejor amiga, me cuenta un sueño muy extraño que se le lleva repitiendo semana tras semana durante mas de un mes.
En su sueño, aparece tan solo una casa muy antigua, según ella bien cuidada y dentro de ella, una sombra de espaldas a la puerta.
Se empeña tanto, que al final me convence para acompañarla. Llevamos más de una hora caminando, cuando se para de repente delante de una casa muy antigua, casi en ruinas. Me dijo que esa es justamente la casa de sus sueños, y que la espere fuera. No quiere que quien la espera dentro se asuste y se marche sin contestarle.
A los diez minutos, Lorene sale de la casa con una rosa en la mano, y una marca en su cuello.
Pasaron los días, y seguías pensando en el. Deseaste que siguiera dibujando, para que al salir de allí, de vuelta hacia tu hogar los encontrases todos juntos. Deseaste que lo hiciera para que pudieras leer en ellos el dolor, la pena, la alegría, la furia, que en esos momentos tendría que estar soportando.
El mismo día que lo pensaste te dejaron salir. Ya era de noche. Caminaste por la misma calle de siempre, escondiéndote entre las sombras y mirando disimuladamente a las paredes. ¡Allí estaba! ¡Seguro que era él! Sentiste en esos momentos una alegría que te recorrió todo el cuerpo. Te escondiste un poco mas, te camuflaste un poco mas entre las sombras, y desde allí leíste lo que ponía. Era un mensaje de amor.
Corriste como nunca habías corrido hacia tu casa, cogiste un paquete de tizas que tenias guardado, y volviste junto al dibujo. No querías llamar demasiado la atención, así que hiciste algo que solo él pudiese reconocer. Un pequeño dibujo a la izquierda y en lo alto del suyo. Quisiste decirle todo lo que te había ocurrido desde el momento en que metieron en el coche, y lo único que se te paso por la cabeza fue tu propia imagen. Así que lo dibujaste muy rápidamente, y volviste a tu casa. Ese seria tu refugio, el único lugar que pisarías a partir de ahora.
Te lo imaginaste a él, como siempre de noche, haciendo sus dibujos para poder seguir hablándote. Aunque esta vez, no tendría nunca mas una respuesta.
Sabias muy bien cual seria tu destino. A partir de ese momento todo serian palizas, falsas acusaciones, y a continuación, más palizas. Muy pocas personas volvían a aparecer, y a los que lo hacían, hubieran deseado que nunca lo hubieran hecho. Volviste a pensar en él, y te diste cuenta de que todo eso había valido la pena. Si te dieran a elegir, preferirías estar como ahora y haberlo conocido, a estar libre y en tu casa, y no haberlo hecho.
Tuviste que esperar dos días para ver otro de sus mensajes. Esta vez eligió un paredón gris, cerca de tu casa. Lo viste cuando volvías del trabajo. Sentiste una emoción que no podías contener y decidiste que esa misma noche volverías para contestarle. Volviste a tu casa, pero no podías contenerte y de vez en cuando, echabas una rápida ojeada a la calle.
Esperaste hasta que empezó a anochecer. Entonces te vestiste de nuevo, cogiste las tizas y saliste del piso sigilosamente, para que ni siquiera tus vecinos te oyesen salir. Pero en esta última parte fallaste.
Justo cuando estabas a mitad del dibujo, empezaste a oír las sirenas de la policía. Te diste rápidamente la vuelta y viste que no tenías escapatoria. Otro coche ya te había cerrado el paso de la única salida que había, y en esos momentos lo único que deseaste es que la otra persona no apareciese en ese momento. Podían cogerte a ti, pero no podías permitir que también lo cogieran a el. Pensaste que si armabas mucho jaleo y el estaba cerca, acudiría a por ti, así que se te ocurrió algo. Te resistirías lo justo.
Viste que dos de los policías se acercaban rápidamente a por ti, otros dos iban hacia el dibujo y la gente se amontonaba alrededor con caras de terror, pena y preocupación. Estabas perdida. Empezaron a darte puntapiés, puñetazos y tirones de pelo. A continuación, te metieron en el coche de un empujón. Echaste un vistazo por la ventanilla trasera del coche (el ultimo de todos en irse fue el tuyo) mientras este arrancaba, y alcanzaste a ver la figura de una persona alta, morena y delgaducha que se acercaba hacia tu dibujo intentando pasar desapercibido. ¡Era él! Pero, ¿por qué se arriesgaba a hacer eso cuando el coche de policía todavía no había doblado la esquina?
Cuando te despertaste al día siguiente, lo viste. Había otro dibujo al lado del tuyo. Una respuesta a tu pregunta que te ayudaría a reconocerlo más fácilmente. Aunque cualquiera de los que pasaban por delante de tu dibujo podía ser él. Pensaste que podría pasar por delante, verlo y pasar de largo, para que de esa forma tú no lo reconocieses. Pero no. Si te contestaba, no podía andar escondiéndose a continuación, porque tu ya deseabas verlo, y él sentiría lo mismo. Ya no tenías dudas sobre eso.
Una noche, fuiste tu la que decidiste enviarle un mensaje. Cogiste tan solo dos colores: rojo y azul. Decidiste que esos eran perfectos para lo que le querías preguntar. Elegiste la puerta de un garaje, algo vieja y estropeada.
Volviste a casa y decidiste que esa noche cenarías junto a la ventana, ya que el garaje estaba justo enfrente, y podrías ver si alguien se acercaba. Y de esa forma, tener la posibilidad de verlo, o incluso de llamarlo si se presentaba la ocasión. Te lo imaginaste alto, moreno e incluso su voz y sus pensamientos se te presentaban en tu mente, de forma que ya no sabias si todo eso te lo estabas imaginando, o si en algún momento lo podías haber visto y no darte cuenta de que era él.